
Era sábado por la tarde, estaba aburrido en casa, 4pm echado en el mueble de la sala mirando tv, el celular no sonaba, nadie se acordaba de mi ni yo me acordaba de nadie, seguía aburrido y ya no deseaba estar encerrado en esta cárcel con pensamientos que me carcomen el corazón. Agarré el celular y llamé a Diego, él también estaba en su casa, estaba dormido, le dije para ir a su casa a conversar. Salí apresurado como si estuviera contra el tiempo, ya no quería pensar más -ni tampoco recordar- mientras caminaba para tomar el bus prendí un cigarro, las lágrimas se me caían pero las contenía cada vez golpeaba el cigarro, "no seas maricón y deja de llorar" me dije a mi mismo.
Llegué al departamento de Diego, nos saludamos y le dije para comprar unas cervezas, él me vio directo a los ojos y parece que se dio cuenta que necesitaba conversar.
Fuimos a comprar y regresamos a su casa muy rápido, conversamos por horas, él estaba tan mal como yo, la diferencia es que en su caso a él le fueron infiel y yo luchaba para no perder al amor de mi vida, peor igual ahí estaban dos hombres, dos amigos, tomando cerveza, fumando cigarro, aguantando las lagrimas, ambos con ese dolor inexplicable en el pecho.
Hablamos de todo, en especial de nuestros errores como enamorados y de los errores de ellas, de las amigas cariñosas, de su ex -que primero paso por mi, pero ahora él sufre por ella-, de nuestro grupo de amigos, de mi nuevo agarre de la universidad. Las horas se nos paso muy rápido.
Pasamos siete horas conversando y bebiendo hasta que sonó mi celular, era un número desconocido, era Jennice -mi nuevo agarre de la universidad- ella estaba saliendo de una discoteca de la Av. La Marina, me dijo para vernos y conversar aunque en realidad yo sabía para que quería que nos viéramos. Nos tomamos una última cerveza con Diego, nos despedimos y me deseo suerte, me dijo: "vaya con fé".
Tome un taxi y llegué al lugar acordado, ella estaba parada esperándome. Ambos habíamos estado bebiendo, no conversamos mucho, caminamos y entramos al primer hostal que vimos. Fue el sexo más rico y desenfrenado que tuve en mucho tiempo. Después empezamos a hablar un poco, ella me contaba un problema que tuvo con su ex, yo no la escuchaba, ya había terminado lo que fui hacer así que solo deseaba irme a mi casa. Ya eran como las 4.30am, le dije para irnos.
Al salir de la habitación sentí un olor conocido por el pasadizo, recordé que era el mismo olor del perfume que usaba Maricarmen -la mujer que amo y no deseaba perder- camine rápido dejando atrás a Jennice y llegue al final del pasadizo, volteé a la derecha y la vi, no lo podía creer, estaba entrando a una habitación con un tipejo, la sonrisa se le desvaneció de la cara cuando me vio. Fui corriendo hacia ella, discutimos fuerte. El maricón de su acompañante nunca intervino en la discusión ni tampoco se dejo ver.
Ella dijo que debía marcharme, me fui sin decir más. Ella lloró en silencio pero igual tuvo sexo con su acompañante. Yo me trague mi llanto en el asiento de un taxi.
JAJA... ESA FOTO
ResponderEliminarHola
ResponderEliminarCuando se te vá la mujer una vez, lloras.
Cuando se te vá la mujer la segunda vez, también lloras.
pero cuando se te vá la tercera vez llorarás pero de felicidad.
Saludos
Se hicieron conjuntamente la ley del talion amigo, ojo por ojo y diente por diente.
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